Ese día estaba muy emocionado y nervioso, habíamos acordado vernos en la entrada de uno de los museos de la ciudad, bastante cerca de mi casa, a las 7:00pm. El día estaba precioso, era un día típico de mi ciudad natal, y la neblina y la ligera llovizna eran para mi como siempre lo han sido, un singular y bello disfrute, particularmente ahora como el preludio de este encuentro.
Cuando llegué, cuidando ser muy puntal, recorrí apuradamente el tramo que lleva de la calle a la entrada del museo y al llegar al lugar acordado, esperé. La lluvia caía ligeramente en mi cabeza, siempre la he disfrutado; la temperatura ambiente, era fresca, renovadora, como renovadora para mi era esta incertidumbre tan emotiva. Mi ligera chamarra me cubría perfecto, y discretamente volteaba hacia los lados de la calle que pudieran conducirla a nuestro encuentro, mientras, esperaba paciente pero entusiasmado.
La vi. Llegaba caminando con un pequeño paraguas, abrigada ligeramente con una chamarra y manteniendo su paso firme, delicado, mirando hacia el lugar donde yo estaba, cuando en ese momento distinguí una sonrisa en su rostro. Aunque nos habíamos visto tan sólo un par de veces antes, por escasos minutos en realidad, sabía que podría identificarla, sabía que la reconocería, aunque no sabía aún que más podría reconocer en ella.
Ella sonreía mientras caminaba, y yo, tratando no sé si de disimular un poco la emoción, avancé tan sólo unos pocos pasos en su dirección. Y lo primero que quise hacer después de decirle "Hola", era abrazarla, y así lo hice, así lo hicimos, nos abrazamos tiernamente por un breve instante, por mi parte, como quien abrazara a una sutil y delicada rosa, cuya apariencia y aroma te atrae hacia ella, pero sabiendo que ha de ser tratada con delicadeza para no deshojarla.
"¿Cómo estás? Bien gracias." debimos haber dicho los dos, pues desde ese momento no hubo otra cosa en mi mente, en mis ojos, en mi voz, en todos mis sentidos, que no fuera concentrado en ella, que no fuera dirigido a ella, por que lo que me parecío desde ese momento era que estaba en un sueño muy hermoso, que dada su inigualable belleza, no podría ser cierto; pero yo sabía, tenía la certeza hacía unos momentos de que yo estaba despierto, de que todo esto era realidad.
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